Respecto de la primera medida hay que señalar lo siguiente:
- Nuestra Constitución regula en el Título VII (arts. 128 al 136) lo referente a la Economía Pública, y en artículo 167 se regula el cambio constitucional señalando lo siguiente
1. Los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras. Si no hubiera acuerdo entre ambas, se intentará obtenerlo mediante la creación de una Comisión de composición paritaria de Diputados y Senadores, que presentará un texto que será votado por el Congreso y el Senado.
2. De no lograrse la aprobación mediante el procedimiento del apartado anterior, y siempre que el texto hubiere obtenido el voto favorable de la mayoría absoluta del Senado, el Congreso por mayoría de dos tercios podrá aprobar la reforma.
3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación cuando así lo soliciten, dentro de los quince días siguientes a su aprobación, una décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras
Como se puede observar, es altamente improbable que se den las circunstancias anteriores.
3. Es una medida peligrosa, porque al limitar a sangre y fuego la capacidad de generar déficit por parte de los estados, estaría anulando uno de los principales instrumentos para hacer frente a las crisis económicas, como se ha visto recientemente, y cuyo uso tuvo consecuencias nefastas en la crisis de 1929.
4. Habría que distinguir en tiempos de crecimiento dos tipos de déficit, el déficit por gasto corriente, y el déficit que se genera por inversión pública. El primero puede ser dañino, el segundo puede ser un resorte modernizador de un país que aumente la productividad del mismo.
5. Suponiendo que el pacto de estabilidad fuera el modelo a seguir, límite del 3% del PIB. Sólo tres países no habrían incumplido su Constitución: Suecia, Finlandia, y Dinamarca. Veámoslo en este cuadro:
6. Encontraría un gran rechazo dentro del arco parlamentario europeo, y en los parlamentos alemán y francés en particular, por parte de los partidos de izquierda. Siendo un debate que carece del consenso necesario.
Por lo tanto estamos ante un medida ideológica, de viabilidad política muy difícil, y económicamente muy peligrosa, y que no resuelve el problema de demanda agregada que está golpeando a las economías de todo el mundo, y de Europa como se evidencia en los últimos datos que reflejan un estancamiento del PIB en Alemania, Francia, y España.
Respecto del resto de medidas:
- El gobierno económico existe ya en el ECOFIN. No es una medida nada novedosa, y carece de todo sentido, puesto que no se establece cómo se toman las decisiones.
- Respecto de la armonización del Impuesto sobre Sociedades, es un paso adelante para evitar la competencia desleal en materia impositiva.
- Y respecto a la tasa a las transacciones financieras, es imprescindible para evitar la volatilidad y la especulación.
Sin embargo el gran debate no se ha abordado, la creación de Eurobonos, es decir, deuda pública emitida por la UE, para evitar la especulación financiera sobre la deuda soberana de muchos países. Ni se ha abordado cómo reactivar las anémicas economías europeas.
Uno de los argumentos que sirvieron para la creación del Euro era el proporcionar estabilidad monetaria a las monedas de la UE para evitar especulación sobre ella que hicieran temblar los cimientos económicos de esos países.
Sería conveniente que se recuperara este argumento para dar un paso al frente hacia la creación de los Eurobonos, porque hoy este mismo argumento sirve para la deuda publica de los países que componen la Unión Monetaria, ya que mediante esta vía, los mercados desestabilizan países enteros, obligando a rescates financieros por parte de la UE, minando ya no sólo la credibilidad del país rescatado, sino la toda la Unión Monetaria, al carecer de un mecanismo de respuesta para contrarrestar estos ataques especulativos, salvo la intervención excepcional del Banco Central Europeo en la compra de deuda de los países atacados.
Por lo tanto, hemos asistido a una cumbre, en la que ha sobrado ideología, y nacionalismo, y han faltado eficacia para abordar los problemas reales de la economía, audacia, sentido de unión, y generosidad.
Al parecer, han tratado de establecer un intercambio de cromos (ya sabemos porque siguen a Buchanan), poniendo como condición sine qua non la constitucionalización del límite de déficit, ofreciendo a cambio armonización fiscal, y tasa Tobin, pero no han abordado los dos problemas que han desestabilizado las economías de toda Europa: falta de demanda agregada, y especulación sobre la deuda soberana.
En lugar de resolver los problemas de la economía han introducido un debate al más puro estilo Tea Party norteamericano.
Como diría Paul Krugman: "buen trabajo muchachos, buen trabajo"

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